🇻🇪 VENEZUELA LIBRE
He aquí un hombre que tiene una cualidad digna del mayor elogio. Es un médico que habla bien de los otros médicos.
Aunque no fuera más que por esta rareza, yo le daría un elevado puesto en la Facultad, como se lo tengo dado en mi afecto y consideración. Pero en ello no hago ninguna gracia ¿Quién que trate al Doctor Hernández puede libertarse de estimarlo?
Me encanta el hombre que no se da cuenta de sus méritos, tanto, como me desagradan esos otros que andan reclamando los homenajes de todo el mundo sin merecerlos. Hernández ha hecho sus estudios en Caracas y en París, mereciendo siempre notas muy honrosas.
Sabe todo lo que puede saber un hombre que ha empleado sus 26 años en aprender. Pero sabe además, una ciencia que no se aprende en ninguna academia. Sabe hacerse amar.
Nació con aquella benevolencia natural que atrae todas las voluntades, con aquella cortesía ingenua, que impone recíproca consideración, y con aquella austeridad humilde, que exige respeto, como toda virtud positiva.
Como médico, llegará a ser una celebridad. Su reputación está formada: le falta el agente tiempo para extenderse. Le falta también un lance de fortuna. La fortuna es como un relámpago que ilumina en un instante todo lo que estaba entre sombras. ¡Cuantas reputaciones inmerecidas se han formado con un centellazo de la casualidad! . . .
Si el Doctor Hernández no fuere favorecido por la diosa de los caprichos, le bastarán su constancia y su valor intrínseco para vencer. Ese joven tiene un gran porvenir, si no resultare mentira que hay lauros reservados para el mérito. ¡Ah! ¡en esta tierra todo puede ser mentira!
EL COJO ILUSTRADO me ha pedido una biografía del Dr. Hernández para acompañar su retrato. Yo no he ido á buscar su fe de bautismo: me basta saber que nació de padres muy honorables en el Estado Los Andes.
El hombre vale por sus obras. Los hijos tienen el deber de reflejar honra sobre sus padres. ¡Desgraciados aquellos que se consumen en una vida estéril, sin más merecimientos que los de sus antepasados!
Tampoco sé fijamente en qué pueblo nació. Los hombres que se consagran al noble apostolado de la medicina pertenecen á todos los pueblos: su patria es este inmenso valle de lágrimas que se llama el mundo. Sacerdotes del Dolor, van caminando por entre los ayes de la humanidad y sus hermanos son todos los que sufren.
F. DE SALES PÉREZ.
Julio, 1893."
EL COJO ILUSTRADO, Julio de 1893
Fue una figura intelectual de gran peso en la Venezuela del siglo XIX y principios del XX. No solo fue el autor de esa semblanza tan humana del anterior artículo, sino que fue un hombre multifacético: escritor, periodista, político y un agudo observador de la sociedad de su tiempo.
La relación entre Francisco de Sales Pérez y José Gregorio Hernández fue mucho más allá de ese artículo inicial de 1893; se convirtió en una amistad profunda y duradera que se extendió hasta la muerte del "Médico de los Pobres" en 1919.
A lo largo de los años, Sales Pérez continuó expresando su admiración por Hernández, destacando principalmente tres aspectos:
1. El testimonio de su fe y ciencia
Sales Pérez, quien era un intelectual de corte liberal y positivista, quedó impresionado por cómo José Gregorio Hernández lograba armonizar su profunda fe católica con el rigor científico. En conversaciones y escritos posteriores, Sales Pérez solía comentar que Hernández era la prueba viviente de que la ciencia no tenía por qué desplazar a la espiritualidad, llamándolo un "sabio que reza".
2. Relación médico-paciente
Con el paso del tiempo, Francisco de Sales Pérez se convirtió en paciente habitual del Dr. Hernández. En sus círculos sociales, Sales Pérez elogiaba no solo la precisión de los diagnósticos de José Gregorio, sino su desprendimiento material. Se cuenta que Sales Pérez solía relatar con asombro cómo el doctor a veces se negaba a cobrar a quienes no podían pagar, o incluso dejaba dinero debajo de las recetas para que los pacientes compraran las medicinas.
3. La reacción ante su muerte (1919)
Cuando José Gregorio Hernández falleció en junio de 1919, Francisco de Sales Pérez (quien ya era un anciano de más de 80 años) fue uno de los que más sintió su partida. Se dice que en los días posteriores al accidente, Sales Pérez reflexionó sobre cómo sus palabras de 1893 habían sido proféticas: aquel joven que "sabía hacerse amar" había terminado por unir a todo un país en el dolor de su pérdida.
Aunque el artículo de El Cojo Ilustrado es su texto más formal y citado, el testimonio más valioso de Sales Pérez fue su constante defensa de la integridad moral de Hernández ante la élite intelectual caraqueña, ayudando a consolidar la imagen del doctor como un referente ético incuestionable en la historia de Venezuela.
1. El Maestro del "Costumbrismo"
Es recordado principalmente como uno de los máximos exponentes del costumbrismo en Venezuela. Su obra más famosa, Costumbres Venezolanas (publicada en 1877), es una colección de artículos donde retrata con ironía, humor y mucha agudeza los vicios, virtudes y modales de la sociedad venezolana de la época.
2. Su Vínculo con el "Médico de los Pobres"
El texto que extrajimos de la imagen es histórico porque muestra la visión que los intelectuales de la época tenían de un joven José Gregorio Hernández. Sales Pérez fue uno de sus grandes amigos y mentores; de hecho, fue él quien lo introdujo en los círculos intelectuales y periodísticos, ayudando a cimentar la reputación de "santo laico" que el doctor ya empezaba a proyectar antes de su fama mundial.
3. Vida Política y Académica
No se quedó solo en las letras. Tuvo una participación activa en la vida pública:
Fue ministro y consejero de figuras como Antonio Guzmán Blanco.
Formó parte de la Academia Venezolana de la Lengua.
Colaboró estrechamente con la revista El Cojo Ilustrado, que era el epicentro de la cultura y el arte en la Venezuela de finales del siglo XIX.
4. Estilo y Legado
Como habrás notado en el texto sobre el Dr. Hernández, su estilo es elegante pero cercano. Tenía la capacidad de ver más allá de los títulos académicos; fíjate cómo destaca que el doctor "sabe hacerse amar", una cualidad que Sales Pérez valoraba por encima del simple conocimiento técnico.
Fue mucho más que una simple revista; fue el proyecto editorial más ambicioso y sofisticado de la Venezuela de finales del siglo XIX y principios del XX. Durante sus 23 años de existencia (1892-1915), se convirtió en el espejo donde la élite intelectual venezolana quería verse reflejada: moderna, culta y en sintonía con Europa.
Aquí te cuento los puntos clave que la hicieron legendaria:
1. El curioso origen de su nombre
Aunque suena peculiar para una revista de arte y literatura, el nombre tiene una explicación empresarial. Uno de sus fundadores, Manuel María Echezuría, tenía una discapacidad física en una pierna (era cojo). Él fundó una de las primeras fábricas de cigarrillos del país llamada, precisamente, "El Cojo". La revista nació inicialmente como un proyecto vinculado a esa empresa y bajo la dirección de Jesús María Herrera Irigoyen, pero pronto cobró vida propia como una joya cultural.
2. Una revolución tecnológica
El Cojo Ilustrado trajo el futuro a Venezuela. Fue pionera en el uso del fotograbado mecánico, lo que permitía reproducir fotografías con una calidad asombrosa para la época.
Papel de lujo: Se imprimía en papel satinado traído directamente de Europa.
Museo portátil: Publicó más de 3,000 fotografías de paisajes, tipos humanos y eventos de Venezuela, además de reproducciones de obras de arte. Para muchos venezolanos de la época, la revista era su única ventana al mundo y a la estética moderna.
3. El Olimpo de las letras y el arte
Escribir o aparecer en sus páginas era el máximo sello de prestigio. Por sus ediciones pasaron las mentes más brillantes del país:
Escritores: Rómulo Gallegos, Rufino Blanco Fombona y Francisco de Sales Pérez.
Artistas: Publicó ilustraciones y grabados de grandes pintores como Arturo Michelena y Cristóbal Rojas.
Música: Cada número solía incluir partituras de compositores locales, fomentando la cultura musical en los hogares.
4. Su impacto social y fin
La revista era quincenal y llegó a tener más de 3,000 suscriptores, una cifra altísima para una Venezuela mayoritariamente analfabeta en esa época. No solo se leía en Caracas; llegaba a las provincias y al exterior, proyectando una imagen de una Venezuela civilizada en medio de las constantes guerras civiles (como la Revolución Legalista de 1892).
Finalmente, debido a dificultades económicas y al clima político que precedió a la Primera Guerra Mundial, la revista cerró sus puertas el 1 de abril de 1915.
Hoy en día, los ejemplares originales de El Cojo Ilustrado son tesoros de coleccionista y una fuente primaria invaluable para los historiadores que quieren entender cómo era la vida, la moda y el pensamiento en la Venezuela de hace un siglo.